El bullying en primera persona

Anto

Antonio o Anto, como quieras llamarme. 30 años. Motivado por los retos, los desafíos y lo que se ponga en el camino. Marketing, deporte, música y vida. Life is easy! :)

5 Responses

  1. Sarah dice:

    Sin palabras. Siempre he creído que todos en algún momento de nuestra infancia habíamos sido acosados en el colegio/instituto por los compañeros… Aunque después de leer tengo claro que hay grados mucho más horribles… Gracias porque fuiste fuerte y hoy nos alegras porque te tenemos. Un abrazo.

  2. Sarah dice:

    Sin palabras. Siempre he creído que todos en algún momento de nuestra infancia habíamos sido acosados en el colegio/instituto por los compañeros… Aunque después de leer tengo claro que hay grados mucho más horribles… Gracias porque fuiste fuerte y hoy nos alegras porque te tenemos. Un abrazo.

  3. M dice:

    Antonio,pasé por una situación parecida en dos cursos diferentes en el instituto y me ha marcado mucho a la hora de relacionarme con la gente de adulto.Soy mucho menos tímido que hace años,pero es un estigma que sigue y seguirá ahí siempre.

    En mi caso la primera vez fue en 1º de BUP y todo empezó con una “imprudencia” mía puesto que comenté delante de mis compañeros,sin malicia alguna,mis buenas notas de los años anteriores en el colegio.Desde ese momento un compañero no perdía oportunidad para dejarme en ridículo delante del resto de la clase.
    Luego dio “un paso adelante” cuando intentó romper una de mis láminas de dibujo técnico porque “era mejor que la suya”,algo que no era cierto porque a mí se me daba fatal.Le planté cara y desde ese día me esperaba en la puerta de la clase para darme puñetazos y patadas,con sus amigos,para divertirse.

    Pasé dos meses horribles y nadie de la clase quiso ayudarme,se apartaban todavía más para que no les salpicara.
    La gota que colmó el vaso fue el día que me siguieron más de la mitad del camino de vuelta a mi casa tirándome piedras,cuando iba con un compañero de clase, mientras no dejaban de insultarme.Incluso tuvimos que escondernos en su portal hasta que se fueron.
    Se lo dije a mis padres y mi padre a dos de mis primos mayores,los cuales iban al mismo instituto que yo y no se habían enterado.Unos días después ellos les pararon los pies a los esbirros de mi acosador y tuvimos cara a cara él y yo.Le animé a que me pegara para zanjar el tema,pero se acobardó y me pidió perdón. ¡Menudo cobarde!

    Los profesores no se metían porque eran “cosas de chavales”. Una actitud muy madura por parte de los educadores del centro,sí señor.

    Dos años después,repetí 2º de BUP y se juntaron en mi clase veinte alumnos conflictivos sin que nadie en el centro hiciera por evitarlo.Yo no me uní al grupo y desde entonces me pusieron la cruz.De nuevo insultos,amenazas verbales y golpes a traición.
    Los profesores pasando del asunto (éramos cuarenta y perdían el control de la clase a diario) otra vez. ¡Qué bien!

    El peor día fue cuando tuvimos que elegir delegado y se pusieron de acuerdo,coaccionando al resto de los alumnos,para que yo tuviera una victoria aplastante.Yo iba a ser su “delegado marioneta” y podrían reírse de mí todavía más.
    Quedamos tres alumnos entre los más votados y pedí la palabra al tutor.Comenté que quería retirarme como candidato y añadí, “No quiero ser el delegado de esta panda de gilipollas”.Me abuchearon y antes de sentarme en mi sitio uno de ellos dijo que “no iba me iba a ir de rositas”.
    Sonó el timbre del primer recreo y salí pies en polvorosa de la clase.Los cabecillas,cuatro,me echaron el guante junto a los aseos de los profesores.Si no llega a pasar un profesor anónimo, sé que me hubiesen dado ese día la paliza de mi vida. ¡Qué suerte tuve!

    Desde ese día no pudieron conmigo,no me callé cuando me insultaban y estudié con muchas más ganas.Pasé de curso con dos asignaturas y no les volví a ver de nuevo porque o repitieron el curso o les echaron del instituto (muchos de ellos iban a ser mayores de edad ese verano).

  4. Sergio dice:

    Querido Antonio:
    No sé si ese tipo de experiencias te hace ser más empático en general con todo o solo con los que sufren (sufrimos en su día o ahora) ese tipo de vejación. No te conozco en persona y no me hace falta para estar convencido de los altísimos valores que desprendes hacia los demás y seguro que no tantos contigo mismo por tu exigencia hacia ti. Es una pena que, al igual que los has desarrollado para bien, lo hayas tenido que hacer en un ambiente completamente irrespirable, porque la sensación o el deseo de suicidio, o al menos de quitarte de en medio, aunque solo sea un segundo, es reflejo precisamente de esa metáfora: no respiras, no vives… malvives.
    Es cierto que el hecho de estar gordo y no cumplir unos estándares deportivos y sexuales tampoco ayudan, ni a integrarse ni a la dosis de autoestima tan grande que es necesaria para hacer frente al acoso a esas edades, de ahí que ahora que tienes el placer de gozar lo contrario te obligue a ser responsable, cuidarlo como un tesoro y, al mismo tiempo, tratar de no utilizarlo como venganza (ay, de nuevo esos valores de los que no podemos huir porque somos buenos, porque nos gusta ser buenos).
    Yo creo que nunca superamos esas situaciones. Pasan los años, las décadas (en mi caso más de veinte años), pero el dolor sigue ahí. Es complicado, casi diría que imposible. Pero tampoco quiero que pase, no porque me guste tener eso dentro, esa piedra en la mochila, sino porque creo que son situaciones que me ayudan a definirme en la actualidad. No voy a hacerme amigo de esas personas, pero tampoco les voy a escupir si me las encuentro. No tendrán mi mano para ayudarles, pero tampoco una zancadilla. O al menos no será así mientras no se disculpen, porque aunque sean “cosas de críos”, el dolor era tan real y tan vívido como el que podemos sentir ahora, de adultos. Y precisamente porque lo somos, es posible reflexionar sobre nuestros actos, echar la vista atrás y cerrar capítulos de los que no nos sintamos orgullosos de nosotros mismos (el otro día leía precisamente cómo un acosador se disculpaba décadas después, al analizar el tema del acoso escolar con su hija pequeña).
    Me alegro de que llegaran tus apoyos, especialmente en el caso de tu amiga y los que poco a poco fueron llenando tu vida de amistades. No sé sobre tu caso concreto más de lo que hablas, y me quedo con la sensación agridulce de si tu familia pudo comprometerse más con tu problema, pero no estoy aquí para juzgar eso, sino para felicitarte por tus logros, por tu capacidad de superación, porque la fortaleza que hay que sacar para ello se ríe en la cara de la que hace falta para una carrera espartana. Un abrazo enorme.

  5. Estrella dice:

    Anto, tengo a alguien muy especial en mi vida que pasó por algo muy parecido a tu horrible experiencia, y no lo sabíamos, por lo que siempre me quedará esa espinita. Hoy es una persona maravillosa y feliz.
    Sin embargo lo que más me preocupa es que mi hija de 9 años está pasando por momentos difíciles en el cole y lo peor no son los profesores, con cuyo apoyo sí que cuento, lo peor es que en un pueblo pequeño cuando le hacen el vacío es dentro y fuera del cole y los que dicen el famoso “son cosas de niños” son los padres de otros niños.
    Es importante reforzar la autoestima del niño o niña atacado, pero también cambiar la mentalidad de padres y madres, la educación se da en casa, el conocimiento en el Colegio.
    Enhorabuena por este post y gracias por compartir tu experiencia

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